martes, 16 de mayo de 2017

El portaretratos




"Tengo que comprar un portaretratos" le dije ayer a papá mirando la foto de Alejandro con su birrete y toga.

Tan serio, tan bonito y tan mayor.

¿En qué momento pasó mi bebé rubio de ojos verdes enormes a ser casi un adolescente de instituto?

Lo sé, el tiempo pasa, pero para mí ha volado.


Recuerdo su primer día de cole, con 3 años, su mochila preparada desde las seis de la mañana porque los nervios no le dejaban dormir. 

No lloró, ni le costó trabajo soltarse de mi mano, al contrario, entro felíz cantando y saltando al lado de "su seño".

Hoy, casi 9 años después, entramos en una nueva etapa. 

Ahora ya no toca dar la mano sino acompañar.

Dejando algo de distancia para que pueda crecer y cometer sus propios errores, porque aunque me muera por dentro sé que la vida es así, que cuanto más crecen nuestros hijos más espacio necesitan.

Me da tranquilidad saber que papá y yo lo hemos educado para ser valiente, respetar a los demás y ser fiel a él mismo, pero inevitablemente el entorno pesa mucho.

Espero que siga siendo siempre el niño solidario y responsable que hoy es. 

Que siempre sienta que puede hablar con nosotros de lo que sea, que jamás se sienta solo e incomprendido.

Que sus decisiones sean las mejores y que si no lo son acepte sus derrotas y siga adelante.

Que jamás pierda la espontaneidad y la franqueza.

Que no le importe lo que piensen de él las personas que no son significan nada en su vida.

Sobre todo espero que sea felíz. Que empeice esta nueva etapa con fuerzas.

Yo ahí estaré. A su lado, pero sin hacer ruido.

Con mi oreja preparada para escucharle y mi boca cerrada para no juzgar o al menos lo intentaré con todas mis ganas.

Recordaré que también yo fui adolescente y que lo que para los mayores era una tontería para mí eran un mundo.

Seguro que meteré la pata un montón de veces por culpa de esa madre guerrera que llevo dentro y que tengo que dejar salir de vez en cuando. Espero no hacerlo muy a menudo.

Quizás le esté dando demasiada importancia a los cambios y no sea para tanto.

Es probable que el próximo año cuando le toque el turno del cambio a Álvaro lo viva ya desde  la experiencia y de otra manera.

Sin embargo hoy tengo miedo de que mi hijo salga al mundo. Hay tanta crueldad y tanto odio que no puedo evitar sentir lo que siento.

Pero así es la vida y sé, en el fondo, que Alejandro sabrá afrontar todos los obstáculos que se le presenten y que si en algún momento no puede solo nos pedirá ayuda.
 

Felíz vida hijo. Que siempre encuentres lo que buscas y que podamos llenar la casa, aún más, de miles de portaretratos.
  

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