martes, 10 de enero de 2017

Depresión post parto...¡Venga ya!



Durante el embarazo, por lo general, se cuida a la futura mamá de forma extraordinaria.

Todos son mimos y los "¿Cómo estás? ¿Necesitas algo?" se suceden sin parar.

A veces nos hacen sentir enfermas en vez de embarazadas, porque nos ven como alguien frágil que necesita extremo cuidado. Ni que decir cuando en el primer informe aparecen las palabras EMBARAZO DE RIESGO

¿Pero que pasa cuando nace el bebé o los bebés? Pasas a ser supermamá y los "¿Cómo estás?" Se transforman en "Que bonito el bebé, a tí te veo bien" (Estoy hecha un estropicio pero gracias)

Vivimos en una sociedad muy exigente, donde lo natural es que seas una madre que se dedica en cuerpo y alma a sus hijos sin rechistar.

Que cuando nace tu bebé la lactancia se de de forma natural, que no te importe no dormir, que aunque salgas hecha un desastre lo importante es que tu bebé vaya monísimo de la muerte...Mucha exigencia insisto.

Y todo esto, más los bajones hormonales, normales después del parto pueden generar unos sentimientos de tristeza y ansiedad que acaben en depresión.

Sí, la tan poco valorada depresión post parto.

Y digo poco valorada porque he llegado a oir en conversaciones entre mujeres comentarios del tipo "Eso es un cuento chino para escaquearse" o "Venga ya, lo que se inventan para no atender al niño"

En las clases de preparación para el parto se trató el tema por encima...5 minutos exactamente. 

Pues he de decir que es un tema muy serio y lo he vivido en primera persona.

Con los dos primeros post partos no. Pero con las gemelas lo he pasado muy mal.

Soy una persona muy optimista e intento estar siempre que me necesitan por lo que fue doblemente duro pasar por esta situación.

Todo empezó en el Hospital con la lactancia. Entre el cansancio de llevar 8 días ingresada antes del parto (por falta de líquido amniótico), la Cesárea, la hipoglucemia de Lucía y los problemas en casa no podía dar el pecho, no lo conseguía. 

Y tenía encima a una enfermera que no hacía más que tratarme de inútil y reprocharme que teniendo ya dos hijos cómo no conseguía alimentar a mis bebés.

Los dolores tras la cesárea eran horribles (Con mi primera cesárea casi no sentí dolor) y no podía moverme. Me sentía muy mal.

Mi pareja intentaba animarme, pero el sentimiento de tristeza era tan fuerte que ni teniendo en brazos a mis bebés lograba sonreir. Ahora a la distancia me parece imposible pensar en no sonreir cada vez que las veo.

Cuando llegué a casa todo fue a peor.Ahí estaban mi madre y mi suegra bien acomodadas, algo que antes del parto no me molestaba.

Era como llegar a un sitio donde nunca habías estado. Me sentía incómoda y la compañía no ayudaba para nada. Todo era querer estar encima de las bebés y aunque mi madre cuando me veía la cara cambiaba su comportamiento, mi suegra no se cortaba un pelo. Sabía lo que me molestaba e iba a por ello.

Todo el mundo preguntaba por las bebés y como me veían en pie se suponía que yo estaba estupenda. No hacía falta ni preguntar.

Recuerdo ir al Centro de Salud a quitarme las grapas. Fui sola porque necesitaba respirar y y la enfermera me preguntó cómo me sentía...No podía dejar de llorar. La mujer, que desde aquí le agradezco todo su cariño, me dio un gran abrazo y me dijo que tenía todo el derecho del mundo a sentirme así, que por eso no era peor madre ni peor mujer. Que hablara, que pusiera a cada uno en su sitio y que me tomara tiempo para mí.  

Tiempo...No había tiempo. Dos bebés recien nacidas y dos niños de 9 y 10 años, una casa, suegra, madre, una pareja a la que volvían loco esas dos mujeres...

Los cinco minutos que me dedicaba al día para ducharme los pasaba llorando. Viendo mi barriga hinchada y caída, mi piel pálida, mi pelo cayendo.

Me costaba mucho trabajo levantarme de la cama, hablar, no quería salir a la calle porque sabía que me tocaba fingir y decir que estaba bien.

Todo me ponía de mal humor.

Cuando me dí cuenta lo mucho que me afectaba todo decidí pedir ayuda.

Mi pareja estaba ahí y se daba cuenta que algo pasaba, pero hasta a él le mentía.

Fueron dos meses difíciles y sobre todo muy tristes porque no pude disfrutar de mis hijas como hubiese querido, pero aprendí que hasta a la persona más dura a veces le fallan las fuerzas .

Con mucho esfuerzo, ayuda y poniendo a cada persona en su sitio lo superé y puedo decir que a partir de ese momento volví a ser YO, pero con una actitud diferente.

Nos preparan para que la maternidad sea un momento de felicidad, pero no para que pueda convertirse en algo triste. 

Y aún hoy hay mucha gente que no lo entiende.

Espero que cambiemos un poco el chip porque la depresión post parto no es una tontería y tomarlo a la ligera puede traer mayores consecuencias a quien la padezca.

No es "un cuento chino", es un problema que tiene que ser tratado y las mujeres deberíamos sentirnos lo suficientemente libres y seguras para poder hablarlo sin ser juzgadas.
  



 

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